Para empezar, un botijo

En las clases de dibujo que doy he adquirido una serie de costumbres. Algunas son “tics” que me quedan de cuando aprendí. Otras son experiencias que poco a poco voy añadiendo a mi bagaje como profesor. Otras directamente son manías, y algunas, inevitablemente son ya tradiciones.

A lo largo de los más de 15 años que llevo impartiendo clases de dibujo, lo que más pesa es, lógicamente, los casi 12 años que he pasado en Escola Aberta de Arte. Allí se descartaron algunos tics, se confirmaron otros, y lo mismo ocurre con experiencias, manías, etc. Pero la mayor parte de las tradiciones que tanto Carmen (Carmen Martín) como yo hemos ido consagrando como propias, provienen de nuestros dos (casi tres) locales ferrolanos.

En la primera clase de dibujo suelo pedirle al alumno nuevo que haga un primer dibujo del natural. Este primer dibujo, que el alumno debe solucionar sin ayuda mía de ningún tipo, sirve para evaluar al alumno y al mismo tiempo para que el alumno se autoevalúe por primera vez. Ese primer dibujo debe fecharse y conservarse, para que se pueda ver el avance durante las clases.

Cuando empecé a enseñar a dibujar este primer dibujo era de un bodegón, desnudo, etc. Pero poco a poco me fui acostumbrando a poner siempre la misma cosa, para poder evaluar a los alumnos de una forma más sencilla y con criterios lo más semejantes posibles.

Yo tenía un botijito que había comprado en Tarragona, y compré otro igual pero más grande (bueno, no lo compré, porque como estaba roto el de la tienda me lo regaló). Y como el botijo es perfecto para dibujar (es bonito, el material es natural y tiene plasticidad, las sombras son fáciles de hacer, tiene forma sencilla pero detalles… y además a los alumnos les suele parecer fácil, por lo que no tienen miedo de dibujarlo), acabó siendo el objeto que siempre elegía para el primer dibujo.

Medio de broma empecé a ponerlo siempre en la primera clase, y ahora es ya una tradición de la que seguramente no me desprenderé si no es por una razón de causa mayor.

Como en Málaga no tenía botijo, me compré el de la foto. Es diferente del que yo tenía, pero muy bonito también. Y si venís a mis clases en la Casa Invisible será lo primero que dibujéis. No hagáis trampas…

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